No hay peor fanatismo que el de los conversos.

marzo 24, 2010

No quiero venganza

No quiero venganza.
Me horroriza la idea de que la hija de alguno de los militares enjuiciado se vea llevada a parir en medio de insultos y maltratos, obligada a limpiar los resto de su propia placenta y asesinada luego para robarle el hijo que apenas conoció.
No quiero venganza.
Jamas he pensado que quienes condujeron los aviones que llevaron a miles de desaparecidos en los vuelos de la muerte deban ser arrojados desde el aire ni que sus padres deban arrojar una flor al río como único espacio posible de reencuentro.
No quiero venganza.
No cabe en mi cabeza la idea de cortar las manos de los torturadores, ni de mutilar sus cuerpos ni que sean violadas sus madres, hijas o hermanas.
No quiero venganza.
No soportaría que quienes ejecutaron o fueron complices del asesinato de lo padres y de la entrega de los niños se vieran obligados a recorrer el país en busca de de sus nietos, durante treinta años, con el consuelo de saberlos vivos en algunos casos y el dolor desgarrante de no sentirse reconocidos por ellos en otros, dado que han sido alienados en la identificacion con sus captores, llevados a renunciar a su propia identidad y destino, obligados a amar, muchas veces, a los asesinos de sus padres.
(...)
No quiero venganza.
Porque la venganza nos iguala, nos degrada nos hace ingresar en esa zona gris que no permite diferenciar a las victimas de los victimarios. No quiero venganza, precisamente, porque no creo para nada que todos seamos culpables, porque las acciones no son equiparables, porque los fuertes tienen obligaciones que los débiles no tienen, porque no hay un solo niño de militar en manos de civiles que se los hayan apropiado, ni una sola esposa violada, ni una hija desvicerada, ni un padre torturado ni un cuerpo mutilado.
Pero no soporto un día mas, cada vez que veo un pañuelo blanco con un nombre o una pancarta con la fecha de la desaparición de alguien de mi generación que quedo joven para siempre; no soporto ya un día mas preguntarme que hacia yo ese preciso día, mientras lo sacrificaban, mientras lo desgarraban, mientras lo mutilaban, mientras lo asesinaban - Preguntarme si ese día tome café o me senté en una plaza al sol, si leí una pagina de Borges o vi una película, si comí con mis seres queridos o si goce intensamente la vida.
Si la venganza es la hija malparida de la injusticia, mi paz interior, y supongo que la mayoría de los argentinos, solo puede estabilizarse a partir de la recuperación de la justicia que libere nuestras pesadillas de treinta años de horror.

De la argentina Silvia Bleichmar
fragmento de su libro: No me hubiera gustado morir en los 90

1 comentario:

Unknown dijo...

La venganza es genial!

Mientras más violenta mejor.

(?)

http://paradoenelabismo.blogspot.com